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13/4/16

Las diferencias de los bebés respecto al sueño se deben a los genes y al ambiente [13-4-16]


Las diferencias de los bebés respecto al sueño se deben a los genes y al ambiente, sugiere un estudio

Pero los padres deben seguir intentando corregir los malos hábitos de sueño, señala una experta

Un estudio reciente de gemelos sugiere que los genes podrían tener un papel importante respecto a cuánto tiempo duermen los bebés de noche, mientras que el ambiente es clave durante las siestas.

Los investigadores hallaron que entre casi mil gemelos a los que siguieron hasta los cuatro años de edad, los genes parecían explicar gran parte de las diferencias en los hábitos de sueño nocturno de los niños. Por el contrario, las siestas parecieron depender sobre todo del ambiente, sobre todo entre los niños pequeños y los niños en edad preescolar.

¿Significa esto que el tiempo que su hijo pequeño duerme de noche está fuera del control de los padres?

No, contestó la investigadora líder del estudio, que aparece en la edición en línea del 27 de mayo de la revista Pediatrics.

"[Los padres] no deben renunciar a intentar corregir una duración inadecuada del sueño o unos hábitos malos de sueño a principios de la niñez", señaló Evelyne Touchette, de la Universidad de Laval en Quebec, Canadá.

Por una parte, el estudio halló que el ambiente sí importaba en el sueño nocturno de los bebés y niños pequeños, e incluso parecía superar a los genes para los 18 meses de edad.

Los motivos de los hallazgos aún no están claros, señaló Touchette. Pero dijo que tiene sentido que el ambiente importe más a los 18 meses que a los 6 meses, cuando el desarrollo del cerebro quizás sea clave en la capacidad de los bebés de dormir de corrido por periodos más largos de noche.

Pero no hay una explicación clara sobre por qué la influencia genética se hace más potente de nuevo tras los 18 meses, planteó Touchette.

Una investigadora del sueño que no participó en el estudio señaló que en realidad no es posible dividir el sueño de los niños en preguntas de "naturaleza o ambiente".

"Todo es una interacción compleja entre los genes y el ambiente", aseguró Hawley Montgomery-Downs, profesora asociada de psicología de la Universidad de Virginia Occidental, en Morgantown.

Apuntó que no es posible determinar qué proporción de la duración del sueño de los niños se debe a los genes y qué proporción al ambiente.

Para el estudio, el equipo de Touchette dio seguimiento a casi mil gemelos canadienses cuyas madres reportaron sobre sus hábitos de sueño entre los 6 meses y los 4 años de edad. Unos 400 niños eran gemelos idénticos, lo que significa que ambos gemelos comparten todos los genes. Los demás eran gemelos fraternales, que no son más similares, en cuanto a la genética, que los hermanos que no son gemelos.

En general, estudios como este pueden ayudar a los investigadores a diferenciar las influencias de los genes frente a las del "ambiente compartido", lo que podría incluir cualquier cosa desde la dieta de las madres durante el embarazo hasta los ingresos familiares.

Cuando se trataba de las horas del sueño durante la noche, los genes parecían explicar más de la mitad de la variación entre los niños a los 30 meses y a los 4 años de edad. Los genes eran casi igual de importantes a la edad de seis meses.

La excepción fueron los 18 meses de edad, cuando el ambiente pareció explicar alrededor de la mitad de la variación entre los niños.

En cuanto a la siesta, el ambiente se convirtió en una influencia más grande a medida que los niños crecían, explicando la mayoría de las diferencias en los hábitos de los niños para los cuatro años de edad, señaló Touchette.

¿Cuál es la moraleja para los padres? "Todavía nos queda mucho por aprender sobre el sueño de los niños", planteó Montgomery-Downs.

Para muchos padres, la hora de irse a la cama dista mucho de resultar pacífica. Lograr que los niños se calmen y se duerman podría ser una batalla, y quedan otras preguntas. ¿Cuánto sueño es suficiente? ¿Se despierta el niño durante la noche con demasiada frecuencia? ¿Duerme demasiado, o demasiado poco, durante las siestas?

Montgomery-Downs dijo que no hay respuestas totalmente claras.

Los expertos han intentado crear algunos consejos generales, según lo que es típico de los niños pequeños. Según la National Sleep Foundation, los bebés de 3 a 11 meses de edad duermen en promedio de nueve a doce horas por noche (en total, no de seguido), y toman entre una y cuatro siestas al día, menos a medida que se acercan al año de edad. Un niño pequeño en promedio duerme entre 12 y 14 horas en 24 horas, y la mayoría toman al menos una siesta diurna.

Pero esto no significa que los padres deban preocuparse si sus hijos duermen un poco menos, o si no quieren hacer la siesta, aclaró Montgomery-Downs. "Solo porque la mayoría de los niños duerman en promedio cierta cantidad de horas no significa que esa sea la cantidad 'normal'", aseguró.

"Sabemos que entre los adultos hay mucha variación individual respecto a cuánto sueño necesita una persona", planteó Montgomery-Downs. Los niños también pueden variar en cuanto a la cantidad de sueño que es suficiente, apuntó. Pero no existen investigaciones que lo aseguren.

Hay cosas que los padres pueden hacer para ayudar a los pequeños a dormir de noche, dijo Touchette. En un estudio, su equipo halló que los niños de cinco meses eran menos propensos a dormir durante seis horas seguidas de noche cuando sus padres los alimentaban cada vez que se despertaban.

Quedarse con el niño hasta que se duerma y cogerlo en brazos cada vez que llore tampoco son buenas ideas, advirtió Touchette.

Crear rutinas, como una hora constante para irse a dormir y una actividad calmante como leer una historia, es importante, enfatizó Montgomery-Downs.

Muchos padres intentan mantener a un niño pequeño despierto durante el día, pensando que eso les ayudará a dormir de noche. Pero esto puede resultar contraproducente, advirtió, dado que los niños demasiado cansados pueden volverse irritables o hiperactivos. "Sabemos que privarlos de la siesta no es bueno", dijo.

Sin embargo, si el niño se niega a tomar la siesta, no se le puede obligar, comentó Montgomery-Downs. En un niño de tres años, quizás sea señal de que ya ha pasado su necesidad de dormir de tarde. Y las reglas generales son iguales que para la hora de irse a la cama. Cree un ambiente constante y tranquilo para dormir, y observe qué sucede.

17/7/15

Bebés desarrollan caries si duermen con biberón 17-07-2015


Bebés desarrollan caries si duermen con biberón

Exceso de consumo de azúcar y falta de cepillado también contribuyen

Un 36% de los niños menores de dos años en el país tienen caries

La práctica en los hogares de que los niños pequeños vayan a la cama con el biberón e ingieran durante la noche leche, jugos o atoles triplica el riesgo en ellos de desarrollar caries a corto plazo.

Así lo reveló un estudio de la Facultad de Odontología de la Universidad de Costa Rica (UCR), publicado en la última edición de la revista del colegio de profesionales en este campo, llamada Odovtos .

El trabajo fue desarrollado por la investigadora Sylvia Gudiño, quien se dio a la tarea de identificar los factores que estimulan la aparición de caries a temprana edad en los niños costarricenses.

Estudios previos de especialistas de la UCR ya han demostrado que 36 de cada 100 niños de entre uno y dos años que habitan en el área metropolitana presentan algún signo de caries.

Esta prevalencia es significativa si se toma en cuenta que las enfermedades en los dientes solo afectan a cinco de cada 100 menores en Estados Unidos.

“Los padres no cuidan como deben la salud bucodental de los pequeños, pensando que son males que se presentan a edades más avanzadas, pero esta idea es un error que trae consecuencias para toda la vida”, dijo la experta, quien advirtió que la prevalencia en las zonas rurales del país podría ser mayor.

El estudio. Para realizar la investigación, Gudiño seleccionó a 205 niños de entre uno y dos años que ya presentaban al menos una carie y los comparó con otros 209 cuya dentadura estaba sana.

Esto lo hizo al realizar una evaluación odontológica de los pequeños y aplicar un cuestionario a las madres de los menores, el cual valoró los hábitos de alimentación e higiene bucodental.

Los participantes fueron elegidos tras su visita a centros de salud en San José.

Como resultado, se halló que el consumo en exceso de alimentos azucarados y desde temprana edad es uno de los principales factores que afectan la salud dental de los niños costarricenses.

A un 86% de los menores evaluados ya se les añadía azúcar al biberón y se les daba alimentos como gelatinas y helados antes de cumplir los seis meses de edad.

Gudiño indicó que el análisis de casos reveló un riesgo 2,4 veces mayor de desarrollar caries en este grupo de infantes, en comparación con los que probaron alimentos azucarados más tarde.

Asimismo, se halló que los bebés con caries solían consumir confites más frecuentemente que cualquier otro dulce sólido.

La experta resaltó que el peligro que presentan los productos azucarados para la dentadura de los niños también incluye medicamentos especiales para ellos.

Se encontró que los niños con caries habían sufrido de enfermedades respiratorias y por ende consumido jarabes azucarados.

“Esta costumbre hace que la boca del niño se convierta en un ambiente propicio para la reproducción de bacterias, que luego van desgastando el esmalte de los dientes hasta ingresar y dañar la estructura interna”, dijo Sylvia Gudiño.

Leche materna. El análisis confirmó también hallazgos anteriores sobre la protección que brinda la leche materna a los infantes.

Un bebé sin historia de lactancia natural tiene un 84% más de riesgo de adquirir caries en sus dientes respecto a aquellos que sí fueron amamantados.

Según Gudiño, esto se debe al efecto inmunológico de la leche materna, que estimula las defensas naturales del organismo del bebé para combatir las enfermedades.

Sin embargo, la experta explicó que la leche humana también contiene lactosa (azúcar), la cual alimenta las bacterias en la boca que dañan los dientes, si no se tiene una buena higiene.