¿Tienen sueños los bebés?
Parece que sí: la mitad del tiempo que le dedican al descanso entra en la fase REM, la que hace trabajar más al cerebro.
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Resulta difícil saberlo, porque los recién nacidos no pueden, obviamente, contárnoslo, y las técnicas de neuroimagen tampoco establecen qué pasa exactamente por sus cabecitas durante el tiempo que le dedican a dormir, entre dieciséis y dieciocho horas al día.
Lo que sí sabemos es que el 50 % de su descanso entra en la llamada fase REM, mientras que para los adultos esta etapa –la más onírica e intensa desde el punto de vista de la actividad cerebral– solo ocupa el 25 %. Así que la maduración mental implicaría, en teoría, soñar menos.
Las únicas pistas sobre lo que sienten los bebés cuando están en brazos de Morfeo son sus gestos: mueven las cejas, hacen mohines... y sonríen mucho. Esto hace suponer que las pesadillas llegan más tarde, a partir de los dos o tres años, cuando la angustia y los conflictos emocionales se instalan en la psique del niño.
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12/10/16
13/4/16
Las diferencias de los bebés respecto al sueño se deben a los genes y al ambiente [13-4-16]
Las diferencias de los bebés respecto al sueño se deben a los genes y al ambiente, sugiere un estudio
Pero los padres deben seguir intentando corregir los malos hábitos de sueño, señala una experta
Un estudio reciente de gemelos sugiere que los genes podrían tener un papel importante respecto a cuánto tiempo duermen los bebés de noche, mientras que el ambiente es clave durante las siestas.
Los investigadores hallaron que entre casi mil gemelos a los que siguieron hasta los cuatro años de edad, los genes parecían explicar gran parte de las diferencias en los hábitos de sueño nocturno de los niños. Por el contrario, las siestas parecieron depender sobre todo del ambiente, sobre todo entre los niños pequeños y los niños en edad preescolar.
¿Significa esto que el tiempo que su hijo pequeño duerme de noche está fuera del control de los padres?
No, contestó la investigadora líder del estudio, que aparece en la edición en línea del 27 de mayo de la revista Pediatrics.
"[Los padres] no deben renunciar a intentar corregir una duración inadecuada del sueño o unos hábitos malos de sueño a principios de la niñez", señaló Evelyne Touchette, de la Universidad de Laval en Quebec, Canadá.
Por una parte, el estudio halló que el ambiente sí importaba en el sueño nocturno de los bebés y niños pequeños, e incluso parecía superar a los genes para los 18 meses de edad.
Los motivos de los hallazgos aún no están claros, señaló Touchette. Pero dijo que tiene sentido que el ambiente importe más a los 18 meses que a los 6 meses, cuando el desarrollo del cerebro quizás sea clave en la capacidad de los bebés de dormir de corrido por periodos más largos de noche.
Pero no hay una explicación clara sobre por qué la influencia genética se hace más potente de nuevo tras los 18 meses, planteó Touchette.
Una investigadora del sueño que no participó en el estudio señaló que en realidad no es posible dividir el sueño de los niños en preguntas de "naturaleza o ambiente".
"Todo es una interacción compleja entre los genes y el ambiente", aseguró Hawley Montgomery-Downs, profesora asociada de psicología de la Universidad de Virginia Occidental, en Morgantown.
Apuntó que no es posible determinar qué proporción de la duración del sueño de los niños se debe a los genes y qué proporción al ambiente.
Para el estudio, el equipo de Touchette dio seguimiento a casi mil gemelos canadienses cuyas madres reportaron sobre sus hábitos de sueño entre los 6 meses y los 4 años de edad. Unos 400 niños eran gemelos idénticos, lo que significa que ambos gemelos comparten todos los genes. Los demás eran gemelos fraternales, que no son más similares, en cuanto a la genética, que los hermanos que no son gemelos.
En general, estudios como este pueden ayudar a los investigadores a diferenciar las influencias de los genes frente a las del "ambiente compartido", lo que podría incluir cualquier cosa desde la dieta de las madres durante el embarazo hasta los ingresos familiares.
Cuando se trataba de las horas del sueño durante la noche, los genes parecían explicar más de la mitad de la variación entre los niños a los 30 meses y a los 4 años de edad. Los genes eran casi igual de importantes a la edad de seis meses.
La excepción fueron los 18 meses de edad, cuando el ambiente pareció explicar alrededor de la mitad de la variación entre los niños.
En cuanto a la siesta, el ambiente se convirtió en una influencia más grande a medida que los niños crecían, explicando la mayoría de las diferencias en los hábitos de los niños para los cuatro años de edad, señaló Touchette.
¿Cuál es la moraleja para los padres? "Todavía nos queda mucho por aprender sobre el sueño de los niños", planteó Montgomery-Downs.
Para muchos padres, la hora de irse a la cama dista mucho de resultar pacífica. Lograr que los niños se calmen y se duerman podría ser una batalla, y quedan otras preguntas. ¿Cuánto sueño es suficiente? ¿Se despierta el niño durante la noche con demasiada frecuencia? ¿Duerme demasiado, o demasiado poco, durante las siestas?
Montgomery-Downs dijo que no hay respuestas totalmente claras.
Los expertos han intentado crear algunos consejos generales, según lo que es típico de los niños pequeños. Según la National Sleep Foundation, los bebés de 3 a 11 meses de edad duermen en promedio de nueve a doce horas por noche (en total, no de seguido), y toman entre una y cuatro siestas al día, menos a medida que se acercan al año de edad. Un niño pequeño en promedio duerme entre 12 y 14 horas en 24 horas, y la mayoría toman al menos una siesta diurna.
Pero esto no significa que los padres deban preocuparse si sus hijos duermen un poco menos, o si no quieren hacer la siesta, aclaró Montgomery-Downs. "Solo porque la mayoría de los niños duerman en promedio cierta cantidad de horas no significa que esa sea la cantidad 'normal'", aseguró.
"Sabemos que entre los adultos hay mucha variación individual respecto a cuánto sueño necesita una persona", planteó Montgomery-Downs. Los niños también pueden variar en cuanto a la cantidad de sueño que es suficiente, apuntó. Pero no existen investigaciones que lo aseguren.
Hay cosas que los padres pueden hacer para ayudar a los pequeños a dormir de noche, dijo Touchette. En un estudio, su equipo halló que los niños de cinco meses eran menos propensos a dormir durante seis horas seguidas de noche cuando sus padres los alimentaban cada vez que se despertaban.
Quedarse con el niño hasta que se duerma y cogerlo en brazos cada vez que llore tampoco son buenas ideas, advirtió Touchette.
Crear rutinas, como una hora constante para irse a dormir y una actividad calmante como leer una historia, es importante, enfatizó Montgomery-Downs.
Muchos padres intentan mantener a un niño pequeño despierto durante el día, pensando que eso les ayudará a dormir de noche. Pero esto puede resultar contraproducente, advirtió, dado que los niños demasiado cansados pueden volverse irritables o hiperactivos. "Sabemos que privarlos de la siesta no es bueno", dijo.
Sin embargo, si el niño se niega a tomar la siesta, no se le puede obligar, comentó Montgomery-Downs. En un niño de tres años, quizás sea señal de que ya ha pasado su necesidad de dormir de tarde. Y las reglas generales son iguales que para la hora de irse a la cama. Cree un ambiente constante y tranquilo para dormir, y observe qué sucede.
28/5/15
Muchos padres no siguen las prácticas de sueño seguro para los bebés 28-05-15
Muchos padres no siguen las prácticas de sueño seguro para los bebés
Alrededor de un tercio no ponen a los bebés a dormir de espalda, aunque se sabe que eso ayuda a prevenir el SMSL
En algunas parte de EE. UU., hasta a la mitad de los bebés no los ponen a dormir de espaldas, halla una investigación reciente, aunque eso reduciría el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL).
En general, dos tercios de los bebés nacidos a término duermen de espaldas, y la tasa es más baja para los bebés nacidos de forma prematura, hallaron los investigadores que observaron datos sobre casi 400,000 bebés.
"Dado que la posición supina [de espaldas] para dormir reduce significativamente el riesgo de SMSL, es preocupante que solo dos tercios de los bebés nacidos a término en EE. UU. se coloquen de espaldas para dormir", señaló la autora del estudio, la Dra. Sunah Hwang, en un comunicado de prensa de la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics).
"Es más preocupante que el hecho de atenerse a la postura segura para dormir es incluso menos habitual en los bebés prematuros, que están en mayor riesgo de SMSL que los bebés nacidos a término", añadió Hwang, neonatóloga del Hospital Pediátrico de Boston y del Hospital de South Shore, y profesora de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.
El SMSL es responsable de más muertes entre los bebés de entre un mes y un año de edad que todas las demás causas, y acabó con la vida de más de 2,000 bebés en 2010, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.
"Aunque aún no se conoce la causa exacta del SMSL, sabemos que las prácticas seguras de sueño, como dormir de espaldas, reducen el riesgo de muerte infantil en el primer año de vida", enfatizó Hwang. "La campaña Back-to-Sleep (algo así como "dormir de espaldas") redujo la tasa de SMSL en un 50 por ciento en los 90. Esa tasa no se ha movido desde 2001".
Los investigadores llegaron a sus conclusiones tras analizar los resultados de una encuesta realizada a madres de recién nacidos en 36 estados. Alabama tuvo la tasa más baja de bebés que dormían de espaldas, con un 50 por ciento. Wisconsin tuvo la más alta, con un 81 por ciento.
Un segundo estudio, liderado por la Dra. Eva Colson, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, halló que alrededor de una cuarta parte de las madres hispanas y negras realizan prácticas que los pediatras consideran peligrosas para los bebés. Específicamente, el 28 por ciento de las madres hispanas comparten camas con sus bebés, y el 22 por ciento de las madres negras ponen a sus bebés a dormir sobre el estómago.
Los hallazgos del estudio provienen de una encuesta de 1,030 madres de Estados Unidos.
Las proporciones de madres que compartían camas con sus bebés fueron del 18 por ciento entre los negros y del 14 por ciento entre las blancas. El 10 por ciento de las blancas y el 7 por ciento de las hispanas ponían a sus bebés a dormir sobre el estómago.
Los hallazgos se presentaron el sábado en la reunión anual de las Sociedades Académicas de Pediatría (Pediatric Academic Societies), en Vancouver.
Debido a que estos estudios se presentaron en una reunión médica, los datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.
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